lunes, 24 de noviembre de 2014

¿What are you?

Niña, haz perdido el camino.
Tu no eres esa falda negra, ni esa Flower Crown.
Tampoco eres esas pestañas perfectamente rizadas, ni ese cabello castaño.

Eres esas camisetas negras guardadas en el armario, eres esas botas desgastadas y viejas.
Eres ese cabello teñido de un color diferente cada mes. Eres esas tijeras que estan en tu escritorio. Aparentas ser algo que no eres.
No eres labial carmesí, eres palidez; no ese rubor.
Eres ese delineador mal colocado y esa sombra negra.

Eres ese espíritu que se niega a ver la realidad, que necesita 200 mililitros de sueños.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Ellas.

Había vivido toda mi corta vida con ella.
Recuerdo que habíamos sido inseparables desde el nacimiento. Se movía y respiraba igual que yo. Su rostro sería igual al mio hasta el día de la muerte.
Nos diferenciaban nuestras tareas. Su propósito y el mio había sido la diferencia entre ambas.
Ella, como un pájaro libre, con sus colores y plumas perfectamente conservadas; Yo, como un cuervo arrancando ojos con mis alas de carbón envueltas en fuego.
Ella, de piel de porcelana; siempre tibia, activa y llena de polvo de estrella. Y de nuevo yo... encerrada, siendo criada con una mente cerrada y siempre vestida de color universo solo que... sin brillo alguno.
La dueña de aquel vestido con vuelo, hilo de seda y por supuesto: Aquel listón rojo al final de aquella larga trenza francesa, era ella. La que se encontraba al final de la linea, con esqueléticas piernas, piel igualmente de porcelana pero esta se encontraba sin rubor en las mejillas. Sin esperanza en los ojos... por supuesto, se trataba de mi.

Un día, una diferencia se volvió a encontrar con nosotras.
Ella enfermo.
Mamá, te juro que no he sido yo. Aquel cloro y acetona en mi habitación no prueban nada.
¿Tu me crees, verdad papá?

"Hay tres personas en la cama", había dicho Albert en mi ausencia.
"¡Solo era un gesto de dulzura!", se escuchaba mi voz en eco a lo largo de aquel oscuro pasillo. "Un castigo te haz ganado" dijo el cocinero del hogar.

Inyecto mis ojos. Inyecto colorante verde en mi iris... Que dolor tan insoportable.
"Toma un poco de color, te amamos", dijo papá.
Pero yo también enferme, tenia los ojos vendados a lo largo de 3 mesarios. Escuche que el doctor Braun dijo que tenían que llevarnos al cielo. 

Cuando estaban a punto de llevarnos al cielo, me había dado cuenta de que el lugar donde había un huerto de caramelos, estaba ella. Que tortura ¿Tendría que cargar con ella ante Dios también? Creo que es parte del castigo que había dicho el cocinero.
Agujas en mi bolsillo, me había dado cuenta, de que ella era yo y yo era ella. Inseparables desde el nacimiento porque eramos una sola, un solo maldito demonio.

La melodía comenzó y nos fuimos a dormir.