miércoles, 4 de febrero de 2015

Cada vez que cierro mis ojos.

Caminando siempre solo, con el alma en la mano izquierda y el corazón en la mano derecha. Mis demonios merodeando en mis hombros.
Mis ídolos están todos muertos y mis enemigos tienen el poder.

Sunlight, era irónico. Incluso divertido.
Era el violinista del diablo, ante los ojos de los demás el no creer en un dios era equivalente a ganarme un pase libre al infierno. Y cada vez que cierro mis ojos, puedo ver un paraíso rojo. Donde las llamas abundan, donde nadie cae, simplemente están ardiendo.
Y cada vez que cierro mis ojos, están esas voces diciendo "Todo estará bien", "Solo inténtalo", "nada malo podrá pasar".

Llegando de casa mi madre no estaba, como siempre nada nuevo, mi padre estaba tristemente azul nadie podía ayudarlo, ni siquiera su dios. Ojeras adornando mis ojos heterocromicos, y tinta china vistiéndome. Tome la gasolina del garaje. "No lo estas haciendo". "El príncipe de la tristeza, vete a la mierda."

Cansado ya de todo, preferí tomar el apodo. En un desacomodo de la razón, pero sobretodo el reposo en mi mente. La conciencia tranquila, camine por el pasillo a la luz del día, tarde ya iba. ¿Que mas daba? Sería el ultimo día. "Así me lo dictaron" en mi mente retumbo. ¡Sorpresa! Abrí la puerta de golpe, nadie se lo esperaba "¡El príncipe de la tristeza llego!" el liquido cayo, una chispa se abrió paso y al piso fue a dar.

"¡A correr!" Gritaron todas las voces, "Sonríe" pues sera la ultima vez que veas este lugar.

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