Quizás era algo loco, y precipitado. Nos habíamos prometido cosas a las 3 de la mañana.
Le había prometido que estaría sana, ya no dibujaría en mi piel nunca mas.
No mas contar ni depender de un numero.
Estaba dispuesta a cumplirlo, después de todo se lo había prometido a el.
Recuerdo también que... Sí el moría primero le dispararía para asegurarme de que estaba muerto y después me daría un tiro en el cerebro. Pero nunca soltando su muerta mano.
El me prometió lo mismo. Y ahora no queda mas que esperar.
Que los años se vayan y nos arrastren con ellos.
Que las arrugas aparezcan, que la tinta se plante sobre nuestra piel.
Que las enfermedades nos maten lentamente. Las pastillas aumenten. Y las posibilidades de recuperarse se disminuyan. Hasta que uno se vaya primero.
Es entonces cuando uno de los dos tendrá la suerte de comprobar que si la magia de aquel halloween y si la promesa que habíamos hecho era real. Si no se trataba solo de un truco o si realmente era un trato.
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